Ishiuchi Miyako: El laboratorio es un lugar sexual

Yokosuka Story #98, 1976-1977, © Ishiuchi Miyako
Yokosuka Story #98, 1976-1977, © Ishiuchi Miyako

Siempre he pensado que el laboratorio es un lugar sexual. Huele tan fuerte. Y si lo haces con las manos desnudas, es como si estuvieras teniendo sexo. La fotografía tiene esa cualidad: compromete tus cinco sentidos. Posee algo como la sexualidad.

Ishiuchi Miyako, entrevistado por Yuri Mitsuda en The Interview Issue (Aperture 220 Fall 2015).

Martine Franck: La cámara es una frontera

SWITZERLAND. Basel. Carnival. 1977.
Martine Franck – SWITZERLAND. Basel. Carnival. 1977.

La cámara es una frontera en sí misma, una barrera, si así se le puede llamar, que uno está echando abajo continuamente para aproximarse al tema que está fotografiando. Y al hacerlo sobrepasa unos límites, no sin cierta sensación de atrevimiento, de ir más allá, de estar siendo maleducado, de desear ser invisible.

Solo puedes cruzar al otro lado olvidándote de ti misma momentáneamente y siendo muy receptiva con los demás: por eso, como fotógrafa, estoy simultáneamente en dos mundos distintos. Esto es lo único que puedo decir sobre lo que siento cuando estoy tomando una fotografía: el resto permanece en el inconsciente.

Trangresión es la palabra que he estado buscando todo este tiempo.

Martine Franck, “Martine Franck” (publicado en 1998), en Para entender la fotografía (textos de John Berger, edición e introducción de Geoff Dyer, Ed. Gustavo Gili, 2015

La vida de los objetos, una reflexión para 2016

Terminaba el relato de Borges de El encuentro, con la frase “Las cosas duran más que la gente. Quién sabe si la historia concluye aquí quien sabe si no volverán a encontrarse”; haciendo un resumen que esquive los spoilers lo más posible, explico que el relato gira en torno a la idea de que los objetos pueden tener vida propia, llevando, en la historia, dos cuchillos que pertenecieron a dos personas enfrentadas a pelear nuevamente a quien los coja.

Por suerte, en fotografía parece ser que no es así, pues las fotos que uno haga con una cámara las hace el fotógrafo y esa cámara, en manos de otro, hará fotos tan distintas como quiera quien la use. Vamos a enfrentar dos estilos distintos con dos fotografías muy conocidas:

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William Klein, su foto más conocida y de la que él mismo dice estar harto; directo, visceral, un fotógrafo al que no le importa ser visto y que, de hecho, disfruta con el efecto que apuntar a alguien con una cámara puede causar, que le gusta ver cómo la gente se convierte en actores a la hora de mostrarse mirando a través de su cámara.

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Cartier-Bresson, el arquetipo de fotógrafo tipo “testigo silencioso”; discreto, como un fantasma que pasa por delante de una escena, intentando ser invisible, preocupado por la composición, el instante decisivo y porque su presencia no altere la esencia de un instante.

En el documental The many lives of William Klein, se dice que la primera cámara que tuvo William Klein fue una Leica (ya, qué sorpresa, en algún momento siempre aparece este nombre)… que se la vendió, de segunda mano, Cartier-Bresson.

Todo esta reflexión en voz alta no esconde más que un propósito para aquellos que, en algún momento, nos vemos absorbidos por el equipo; mucha gente me pregunta qué cámara tengo como mía personal, qué cámara uso y demás.  Porque no importa con qué se dispare, uno siempre acaba deseando otra cosa, pensando en que la foto habría sido mejor con otra cámara e incluso, al llegar a lo más caro, a lo más alto de gama, se dice uno “¿y todo esto para esta foto de mierda?”.

Creo que este artículo está tomando un tono pesimista que no pretendía, así que voy a aclararlo: no me estoy quejando, tipo “oh no, haga lo que haga mis fotos son malas”, es al contrario, al fin estoy contento con las fotos que estoy consiguiendo y finalmente he descubierto que da igual con qué cámara las haga porque he conseguido resultados válidos con cualquier tipo y marca; esto me vale a mí, pero se puede aplicar a cualquiera, porque el mensaje es este: es más importante trabajar en la visión fotográfica, en la coherencia visual, con los medios que estén a nuestro alcance, sean cuales sean, que pensar en el equipo que estamos empleando para ello, sean cuales sean los estímulos y motivaciones, el poder para la fotografía queda siempre en manos del fotógrafo.

El propósito que proponemos para este año es ambiguo: ved exposiciones, comprad libros de fotografía, estudiad documentales de fotografía que hay, usad la cámara que tengáis ahora y ninguna otra o cacharread todo lo que os de la gana, pero siempre tened en mente que lo importante es conseguir un estilo propio, algo con lo que os sintáis contentos y que os defina. Y para eso, lo último que tenéis que pensar es en qué cámara estáis usando mientras lo hacéis, porque, por suerte, esa cámara no tiene más vida propia que la que tenga a través de vosotros.